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Lluís Montoliu: «Mi escuela han sido los pacientes»

Lluís Montoliu en el HSJD
Lluís Montoliu es doctor en Biología e investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), investigador y miembro del Comité de Dirección del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Raras (CIBERER) y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Además de ser investigador de primera línea en albinismo, realiza actividades de divulgación científica y es un ferviente partidario de involucrar a los pacientes en sus proyectos de investigación.

Lluís Montoliu es pionero en la introducción, uso y diseminación de la tecnología CRISPR en España. Autor de más de un centenar de artículos científicos, lleva 30 años vinculado al mundo de la investigación biomédica. Su labor investigadora se centra en el uso de animales editados genéticamente con las herramientas CRISPR para comprender mejor cómo funciona el albinismo. «En nuestro grupo, en el que hacemos investigación básica, nos acercamos a la condición genética del albinismo a través de modelos de ratón. Desde hace 6 años, gracias a la edición genética con CRISPR, tenemos la capacidad de reproducir no cualquier mutación, sino la mutación exacta que nos interesa estudiar.»

El procedimiento es el siguiente: se diagnostica al paciente con albinismo (en el albinismo están implicados más de 20 genes, así que es necesario conocer la mutación precisa en cada caso) y mediante CRISPR se traslada su mutación al gen homólogo en el ratón, con lo cual el ratón tendrá la misma mutación que posee el paciente. «Ese es el famoso ratón avatar», nos explica. Este ratón es un modelo tremendamente útil pues se emplea tanto para estudiar procesos que no podemos estudiar en los pacientes, como para validar procesos terapéuticos o fármacos que se reposicionan antes de pasar a la clínica.

«El ratón avatar es un extraordinario modelo preclínico para evaluar eficacia y toxicidad de tratamientos antes de dar el salto a humanos.»

A Montoliu le gusta dejar muy claro que el albinismo no es una enfermedad sino una condición genética. «Las personas con albinismo no están enfermas, simplemente tienen una condición genética distinta a la tuya o la mía. Hay personas altas, bajas, pelirrojas, miopes… Y no están enfermas, tienen una condición genética particular. El adjetivo “albino” es despectivo por su carga histórica. Es lo mismo que ocurre con el enanismo. Deberíamos hablar de personas con enanismo o acondroplasia».

 

En el caso del albinismo, la mutación conlleva una serie de consecuencias físicas que limitan la vida de las personas que la padecen. Éstas suelen padecer una retinopatía grave que limita en gran medida su visión. Si bien es cierto que el tema de la pigmentación también puede generarles problemas de salud, sobre todo en África, la limitación visual es generalmente más grave en estos pacientes.

Aunque está especializado en albinismo, el Dr. Montoliu también trabaja con otras enfermedades raras. «Hemos encontrado un modelo animal de acromatopsia, que es la incapacidad de ver ningún tipo de color. Acromatopsia y albinismo comparten muchos aspectos porque en acromatopsia tampoco hay buen desarrollo de la retina y tienen visión muy limitada, fotofobia… Es unas 10 veces más infrecuente que el albinismo.»

Para Montoliu trabajar con enfermedades raras desde el punto de vista investigador tiene sus dificultades, pero él prefiere ver las ventajas. «Cuando vamos a nuestras reuniones anuales nos juntamos con muchísimos pacientes y la variedad de genotipos y fenotipos que me encuentro ahí no la encuentro en ningún libro. Una cosa es estudiar la teoría y otra es conocer a la persona que tiene esa mutación y ver su sintomatología. Son datos muy valiosos de cara a la investigación.»

Al preguntarle sobre la importancia de la ciencia básica a la hora de desarrollar tratamientos efectivos para las enfermedades, pone como ejemplo el tema del momento: CRISPR. «Gracias a la curiosidad de un grupo de investigadores por entender cómo unas bacterias sobrevivían en condiciones de salinidad extrema, ahora tenemos la herramienta de edición genética por excelencia. Es el ejemplo más claro de por qué no hay que desatender la investigación básica.»

Montoliu conoce en profundidad las herramientas CRISPR. En febrero publicó “Editando genes: recorta, pega y colorea”, un libro divulgativo que habla precisamente de esta revolución biotecnológica. «En el libro quise explicar todo lo relacionado con CRISPR, al menos la mayoría de aspectos, desde lo más básico hasta las aplicaciones, pasando por toda la historia de su descubrimiento. CRISPR es una herramienta que han desarrollado las bacterias para defenderse de los virus y lo han hecho estupendamente, porque llevan muchísimo más tiempo en el planeta que nosotros. Y lo que son las cosas… Los mismos elementos que conforman este sistema inmune podemos usarlos nosotros para modificar el genoma de cualquier organismo.»

 

Lluís Montoliu


Tal y como apunta Montoliu, la edición genética es una revolución en el laboratorio pero todavía no lo es en la clínica. «Las terapias más seguras son las que permiten extraer células del pacientes, las “ex vivo”. Ahí tú puedes editar un gen y después seleccionar lo que vas a re-infundir al paciente, con lo cual tienes una fase de selección que no tienes “in vivo”. Trabajando directamente sobre el paciente no sabes qué pasará exactamente, por eso aún no podemos aplicar CRISPR en humanos.»

Cuando se le menciona la divulgación científica, Montoliu es categórico.

«Para mí la divulgación es esencial. Yo siempre digo que mi escuela han sido los pacientes. A medida que vas hablando con ellos aprendes qué términos son adecuados, qué entienden y qué no… Al principio no es fácil porque los investigadores estamos acostumbrados a otro tipo de lenguaje.»

A la hora de transmitir la información a la sociedad, considera que los investigadores deben ser cuidadosos y sinceros para evitar titulares sensacionalistas.

Y si la divulgación la considera esencial, el contacto con los pacientes lo ve como algo imprescindible. Montoliu trabaja junto a la Asociación ALBA (Asociación de ayuda a personas con albinismo) dando visibilidad a esta condición. «Nosotros trabajamos para los pacientes. Cuando hacemos modelos animales de mutaciones concretas de pacientes, me llevo a mis estudiantes a las reuniones anuales con dichos pacientes. Al estudiante que esté trabajando en una mutación concreta le presento a la persona que tiene esa mutación. Para el estudiante es algo muy motivador pero para el paciente, el saber que alguien está trabajando exactamente en lo que tiene, es increíblemente alentador.»

Montoliu afirma que en su caso tiene más contacto con pacientes con albinismo que muchos médicos. «Además, hablar con los pacientes te ayuda a saber qué es lo que realmente les preocupa sobre la enfermedad o las rutinas diarias. En el albinismo tenemos el ejemplo del protector solar. Para ellos, hasta hace nada era un tema que les condicionaba porque los dermatólogos siempre decían que debía pasar media hora para que se absorbiesen los productos fotoprotectores de la crema. Los pacientes manifestaron ese problema que les limitaba a la hora de planificar cualquier rutina diaria y hace unos años se investigó a fondo la absorción de las pantallas solares. Al contrario de lo que se creía, se vio que estos compuestos se absorbían muy rápidamente, en menos de 5 minutos. Esto supuso una gran mejora en la calidad de vida de las personas con albinismo y fue una investigación que se condujo gracias a los pacientes.»

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